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Madrid | OCT12 | El deber de la arquitectura
Autoría: n´UNDO.
Para la arquitectura, hacer desde de la no construcción, requiere replantearse cuestiones inherentes al ser humano, modos de actuar asociados a aquello que nos diferencia de otras especies y seres, verbos que están presentes en nuestra vida y aprendizaje: hacer, construir, colonizar. Todo esto se trata desde el postulado de hacer no haciendo.
No hablamos del manido menos es más sino del nada es más. Se trata del vacío y el silencio, de valorar lo que no existente y lo preexistente, por encima de creación y material. Vacío y silencio aparecen a lo largo de nuestra historia como conceptos clave del arte y el habitar, de la vida, pues eso son ambos -desde la cueva rupestre, los pueblos del desierto a las catedrales o las costas, las personas han buscado estos lugares para encontrarse consigo mismas y con el mundo-. Es así en la obra de ciertos artistas, donde encontramos el verdadero significado de los términos: Cage, Matta-Clark, Di Maria, Oteiza, nos enseñan que utilizando simplemente pequeños elementos, alrededor de estos se forman vacío y silencio. Música es el espacio entre notas y arquitectura tiempo entre límites.
Alejandro de la Sota decía que había sólo dos tipos de arquitectura, la popular y la culta. Una, era la que no necesitaba arquitecto, la otra la que necesitaba arquitectos como él. Nosotros creemos que hay dos tipos más de Arquitectura con mayúsculas: la que no se hace y la que deshace todas aquellas (no) arquitecturas que se encuentran entre los paradigmas de Sota. Porque creemos en la Arquitectura, esa que pone en valor el lugar donde se implanta, puesto que no debería producirse construcción que no mejorara el entorno con su presencia ni la vida de las personas de modo global. Y eso es factible conseguirlo mediante la no intervención o la intervención mínima o mediante aquella que restando regenera y recupera paisajes y ciudad.
Proponemos una actitud que pretende descubrir esas falsas necesidades para visualizar así las (no) arquitecturas que las hacen posibles y generar una actividad que permita mediante los modos de actuación propuestos (no construcción, minimización, reutilización y desmantelamiento), recuperar esas construcciones y convertirlas en verdaderamente pertinentes y necesarias. 
Según la Convención Europea del Paisaje (CEP) que asume plenamente el sentido territorial de este, todo territorio es paisaje, incluso en sus aspectos jurídicos y políticos, incidiendo en que cada territorio se manifiesta en su la especifidad, independientemente de su calidad y del aprecio que merezca. Esto implica, según Rafael Mata, que frente a planteamientos pasados donde el tratamiento y defensa del paisaje se asociaban a iniciativas de protección de la naturaleza, existe ahora un compromiso con los más habituales, los rurales, los periurbanos, con esos paisajes ordinarios como los llamó Derrawat. Paisaje es todo aquello que conforma el territorio, algo cultural, histórico y social, que influye en la calidad de vida de las personas, es por tanto la expresión de la sociedad que los habita, con una simbiosis entre ambos que genera una influencia recíproca entre ellos.
Las personas que trabajamos en arquitectura deberíamos entonces empezar a preguntarnos si es pertinente lo que construimos, si somos ciudadanos preocupados por la cultura y la sociedad o artistillas egocéntricos o quizá prostitutas al servicio de la megalomanía política. Esta disyuntiva es especialmente relevante cuando las intervenciones se producen fuera de las ciudades, puesto que estas grandes devoradoras de territorio, energía y recursos parecen admitir casi cualquier horror en su interior. Una idea semejante parece salvaguardar la intervención en el paisaje, autorizando, salvo en zonas protegidas, actuaciones irracionales en todo el territorio.
Fernando Ibáñez asegura que las ciudades son grandes generadores de mierda, algo que podemos interpretar literalmente (basura y residuos) o metonímicamente (chirimbolos, bolardos, fuentes, estatuas, ciudades de las artes y las ciencias…). Es aquí donde la intervención razonable nos habla de restar, de limpiar, minimizar, reutilizar e incluso desmantelar, controlando nuestro impacto en el planeta y son los arquitectos los que están capacitados para estas actuaciones.
La barbarie y colmatación del territorio interfieren cada vez más en las pausas y horizontes que permiten calma en el mundo, así nos quedaremos sin lugares para ser personas, sin tiempo para la reflexión que permite ordenar, asimilar y relacionar; pero a diferencia del tiempo, territorio y ciudad son finitos y su nivel de saturación no está lejos de superarse.
n´UNDO es una actitud, una reacción cultural, por ello es extensible a cualquier área del conocimiento y la vida. Hay seguro, un n´UNDO científico, un n´UNDO económico, un n´UNDO informativo y por supuesto un n´UNDO vital.

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