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Concurso | #¿Sol Piensa? | PiensaSol | Madrid | FEB14

Propuesta presentada por n´UNDO para el concurso PiensaSol. Con la inestimable colaboración de Alberto  Corsin.

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#¿SolPiensa?

“La plaza es repentinamente la multitud y su vacío:
la desaparición de todos, de todo y del que mira […]
con infinitas posibilidades de juego a partir del espacio vacío”
José Ángel Valente, “La piedra y el centro” 1982

Manual de Participación

#¿SolPiensa? ensaya la mínima tecno-moralia que debe sostener el debate público hoy. Frente a los tradicionales ejercicios de arquitectura intervencionista, #¿SolPiensa? aborda el diseño de un laboratorio común de arquitectura social.
Hoy ya no es posible plantear la participación ciudadana a través de formatos consultivos y, por ende, paternalistas. Las encuestas, los cuestionarios, los foros ciudadanos, son herramientas propias de sociologías asimétricas y moribundas. Tenemos a nuestra disposición, por contra, herramientas que permiten multiplicar la complejidad, visualizarla, sostenerla. Interfaces digitales, materiales y sociales que hacen posible la “participación” sin necesidad de traerla arrogantemente a la existencia. Herramientas que dan cabida y muestran las complejas topologías del habitar situado.
Las nuevas tecnologías de información y comunicación, los sistemas de procesamiento, análisis y visualización de ‘big data’ (grandes bases de datos), y sobre todo el acceso a los códigos fuentes de tales herramientas, nos permiten ensayar nuevas aproximaciones a la complejidad urbana. Hoy es posible acceder a datos históricos y en tiempo real de variables socio-demográficas (edad, nivel de renta, estructura familiar, nivel de estudios…), de valores residenciales (alquileres y precios de compraventa de viviendas), empadronamiento, inmigración, vialidad y circulación, transporte público, polución acústica y medioambiental, recolección y reciclaje de basuras, etc., que resultan imprescindibles para hacer visibles las relaciones que Sol ha tenido y mantiene con la ciudad, así como el lugar que ocupa en la configuración de la geografía política y económica de la metrópolis.
Invitar a pensar la “plaza” Sol resulta, por ello, una falacia, además de un error que vuelve a perpetuar un imaginario político agotado y un vocabulario sociológico infértil. No podemos seguir pensando nuestras ciudades desde el urbanismo humanista y cosmopolita de los años sesenta. Hablar de “consumidores”, “turistas”, “espacio público”, “espacios híbridos”, “diálogo”, “lugares de encuentro” o “multiculturalismo” no hace otra cosa que airear aburridos romanticismos sociológicos además de normativizar una realidad infinitamente más compleja.
Es por todo ello que proponemos aquí una re-infraestructuración de la plaza que exige, primero, de nuestro equipamiento conceptual; en segundo lugar, una apertura del código fuente de los sistemas técnicos y expertos sobre los que se soporta la infraestructura urbana de la ciudad; y finalmente, una re-articulación de los marcos de gobernanza que el diseño de soportes abiertos habilita.
Sol no es una “plaza” ni un “espacio público”: es un complejo ensamblaje tecno-infraestructural cuyo código fuente requiere ser abierto y conocido. Sol es tecno-ciudadanía que demanda tecno-cuidados. Desde ahí y solamente desde ahí se puede invitar a un habitar participativo de la ciudad.
El lugar que Sol es ya hoy – los canales a través de los cuales se piensa a sí mismo y deviene en forma urbana; los modos en los que #¿SolPiensa? requiere, en suma, abordar con radicalidad los tres desafíos apuntados anteriormente:
1. Conceptual. Las infraestructuras abiertas desestabilizan el imaginario conceptual con el que estamos acostumbrados a pensar la ciudad. Por ejemplo, el diseño, desarrollo, instalación, mantenimiento y gestión ciudadana de sensores digitales para la medición de la calidad del aire confunde el marco público-privado con el que hemos venido pensando la ciudad. ¿Qué es el espacio público cuando las infraestructuras, el equipamiento y los sistemas de información de una ciudad son diseñados, analizados y gestionados por sus ciudadanos?
2. Sistemas técnicos y expertos. El diseño de infraestructuras y tecnologías abiertas conlleva en muchas ocasiones un diseño en paralelo de nuevos sistemas de trabajo en red, de cooperación e intercambio de datos, de estandarización y certificación de la información y los modelos. Cómo se comparte y sistematiza la información; quién, cómo y dónde se evalúa y certifica; con qué criterios y protocolos se valida y permite su circulación; son cuestiones todas que a menudo desembocan en el  desarrollo simultáneo de innovaciones metodológicas, metrológicas, técnicas, documentales, etc.
3. Marcos de gobernanza. ¿Qué significa que una comunidad asuma las competencias y responsabilidad sobre el diseño, mantenimiento y gestión de una infraestructura urbana? ¿Qué clase de derecho resulta de la apertura del código fuente de los sistemas técnicos, materiales y regulatorios que dan forma política a nuestra ciudad? ¿Cabría hablar entonces de un nuevo “derecho a la infraestructura” de la ciudadanía? Preguntas todas espinosas que debemos no obstante afrontar, y desde las cuales es imperativo abordar el diseño de nuevos marcos de gobernanza para nuestras ciudades.
Este nuevo status, resultado del acceso a la información, de la posibilidad de abrir y leer los códigos fuentes, de intervenir sobre ellos, y por tanto de re-infraestructurar la condición misma de nuestro habitar urbano, comporta un necesario cambio de la conciencia crítica y política de la comunidad.
Habitar significa diseñar las condiciones de apertura material e informacional de la ciudad.
Cada vez que nos encontramos en algún lugar somos parte de ese lugar, podemos conectarnos y descargar información, modificarla y devolverla a la comunidad sin necesidad de encontrarnos en nuestras casas u oficinas. Todo tiene acceso en tiempo real, e igual que las informaciones, también los espacios públicos se abren a esta nueva percepción de la realidad.
Cada vez que nos encontramos en una plaza, en una calle, o en cualquier otro lugar abierto o cerrado que fuese, somos prosumidores de ese espacio porque por un lado estamos disfrutando del espacio como usuarios pero al mismo tiempo, al estar conectados somos productores de la información que ese lugar está produciendo en ese preciso instante.
Las redes sociales y las nuevas herramientas de comunicación y condivisión P2P en el momento de plantear la participación nos ofrecen nuevas perspectivas, nuevos horizontes de exploración y proyecto de los procesos urbanos.
Dibujar un lugar como este significa definir un espacio no necesariamente físico, en un ejercicio de sensibilidad e inclusión para que todo ciudadano que quiera acceder a él se vea reflejado y acogido, que haga de la Puerta del Sol un espacio de conciencia ciudadana, que represente una ruptura a nivel conceptual, tecnológico y político, respeto a lo planteado hasta hoy en nombre de una contemporaneidad ficticia.
Actualmente nos encontramos en el pleno de la Tercera Revolución Industrial (o Tecnológica) pero seguimos categorizando la realidad que nos rodea a través de categorías propias de la Segunda Revolución Industrial.
Como consecuencia de estos cambios,  es necesario repensar todo el conjunto de infraestructuras que configuran nuestras ciudades (ruptura tecnológica) y empezar a pensar en nuevas formas de “código abierto”.
El resultado de todo esto es necesariamente un cambio político que conlleve a repensar el planteamiento del qué significa ser hoy ciudadano.

Repensar la plaza

Pensar un proceso de reurbanización hoy implica plantear otro marco, otra manera de pensar, otro concepto de modificación urbana mediante la participación ciudadana. Significa, en primera instancia, poner en marcha procesos de largo recorrido allí donde haya una necesidad expresa de la ciudadanía. Procesos que interpelen a todos los agentes urbanos que puedan incluirse para aportar riqueza y conocimiento, haciendo  visibles los conflictos y las necesidades de toda la comunidad que participa de ese lugar.
Por un lado es necesario conocer el entorno en el que se está actuando, su influencia en el imaginario colectivo. Es preciso saber cómo se ha ido adaptando al compás de los procesos de modernización de nuestra sociedad, modificando sus equilibrios, para seguir siendo el escenario de las actividades urbanas que en él se desarrollan. Hay que saber ver e interpretar los cambios sociales que hay en una comunidad para poder generar respuestas adecuadas. Esta visión es básica para responder a esas necesidades, sin vincularlas a factores temporales dictados por la urgencia o estética del momento.
¿Se debe tratar todo el espacio público por igual, sin tener en cuenta su idiosincrasia?
El espacio urbano se encuentra definido por las tensiones entre lo público y lo privado desde la fundación de las ciudades como manifiesto o hábitat del ser humano; tanto es así que lo más interesante de la actividad humana ocurre en lo no-construido, en el espacio vacío que se encuentra entre edificio y edificio. Es en este espacio, llamado público para distinguirlo del edificado o privado, donde se expresan las problemáticas más importantes de nuestra sociedad. Pero más concretamente, es en los espacios abiertos de las plazas donde el ciudadano establece una sinergia con el entorno y condensa una conciencia social colectiva y participativa, motor de avenimientos históricos relevantes para la comunidad o nación.
Sol es una plaza que piensa. Sí, piensa a través de todos los ciudadanos que vierten en ella sus reflexiones y preocupaciones diarias. Por ello no es pertinente pensar en Sol como un simple espacio físico, si no que es necesario tener en cuenta la madurez social que ha sufrido en los últimos años.
A la luz de estas consideraciones cabe preguntarse lo siguiente: ¿Puede una encuesta aportar las verdaderas necesidades de la plaza?
Si el espacio público es el ámbito donde la interacción social tiene lugar, ¿por qué una participación basada solo en los aspectos físicos del mismo? entonces ¿siguen siendo válidos conceptos como “público” y “privado”?  Sabemos que un espacio (público) cuando pierde su caracter como lugar de relación es principalmente debido a factores económicos, pero se olvidan otros aspectos que en nuestra sociedad mediátizada están aflorando cada vez con más fuerza: el uso que se hace de los datos de las cámaras de seguridad, la invasión de pantallas digitales y los carteles publicitarios en las fachadas de los edificios, las tensiones entre el tráfico rodado y el de peatones, la gestión de nuestras ciudades al activar procesos de gentrificación a favor del tránsito de turistas o de los intereses comerciales del momento.
La comunicación con la urbe se está deteriorando y se está desperdiciando el potencial cohesionador y social de Sol. Por eso, más que plantear una consulta para saber cómo modificar la plaza en su aspecto físico, deberían abrirse los accesos a las fuentes de información y a los datos para que todo ciudadano pueda acceder y hacer de Sol un espacio de debate y de experimentación de otra forma de civitas.
Paremos de pensar en Sol y dejemos que Sol piense y se convierta en un laboratorio de investigación con una infraestructura libre y abierta que nos permita seguir pensando en voz alta en las necesidades y derechos urbanos. En esta nueva dimensión, la ciudad se equipa de infraestructuras con el ritmo y la calidad que marca la realidad social, una realidad que demanda compromiso, información y participación.

Propaganda Sol

Propaganda Sol es actualmente un icono disfrazado por marcas comerciales que iniciaron una guerra para intentar poner rostro a un espacio público que hace tiempo trascendió la imagen de “plaza del reloj de las uvas” y se convirtió en una marca en sí mismo.
Los intentos por usurpar la personalidad de Sol, como renombrar su estación o cubrir de lonas gigantescas sus fachadas, están convirtiendo la plaza en un engendro. Esto es debido a que se ha tomado como modelo espacios creados por y para las marcas con estrategias publicitarias arcaicas que anulan el carácter público. Es el caso de Piccadilly Circus o Times Square, que ahora buscan desesperadamente retomar el contacto con el ciudadano involucrándole en juegos y actividades triviales que se proyectan en enormes pantallas interactivas. En cambio Sol ya es un espacio vivo, que piensa por sí mismo y se hace cada día de forma espontánea y crítica por y para los ciudadanos, con una conciencia social comprometida. Es ya un espacio público con una personalidad propia que no se dejará domesticar ni por la disposición urbana, ni por las marcas publicitarias, y un buen ejemplo de ello fue el “secuestro” de la lona de L’Oréal, que durante el 15M, sirvió de muro de expresión colectiva y espejo de Sol. Por esta razón los elementos que conforman esta plaza, entre ellos la publicidad, deberían aceptar esta realidad y evolucionar con ella.
Desde esta perspectiva, Sol es una puerta atípica, con una empatía urbana especial que merece una publicidad también atípica y a medida, comprometida con los valores de la plaza y respetuosa con el espacio de los ciudadanos.
Si nuestro actual sistema no puede prescindir de la financiación de las marcas comerciales, hagámoles saber el inmenso valor, más allá de lo económico, de lugares como Sol. Instemos a las marcas a practicar una publicidad a la altura y propongamosles un reto: ser amplificadores de la conciencia de Madrid y publicitarse como proveedores de soportes, aplicaciones y canales de comunicación innovadores, que transmitan información actual y retrospectiva de tipo social, urbana, crítica, etc. Por ejemplo, acercar al ciudadano datos como: ¿Qué niveles de polución hay en Sol comparado con otras áreas de Madrid?, ¿Qué flujo de gente ha circulado en la plaza hasta el momento?, ¿Que día ha sido el más transitado hasta la fecha? O ¿cuál es la ocupación de todos los parkings de Madrid?
Este concepto de espacio consciente, debería también ir acompañado de soportes y canales alternativos para minimizar el uso de lonas y vallas que menoscaban la identidad de la plaza y la hacen vulgar para los turistas e irreconocible para los madrileños. La publicidad alternativa como la denominada “guerrilla” o viral, difundida a través de internet, son formas de comunicación en auge que pueden minimizar el impacto visual de la publicidad tradicional y además conseguir la atención que se ha perdido con los medios convencionales. En esta dirección, las redes wifi son actualmente el medio perfecto para abrir un abanico amplísimo de posibilidades de comunicación participativa a través de móviles y tabletas con los que, por ejemplo, se ha accedido a esta propuesta.

Manual de identidad de una Plaza.

Definir Sol como la plaza del reloj de las uvas o el kilómetro cero es una visión muy superficial e injusta para una de los lugares con mayor trascendencia histórica de todo el país.
Sol ha sido durante siglos punto de encuentro tácito de la ciudadanía, desde donde se han generado espontáneamente intercambios de todo tipo con una fuerte base social. Las recepciones de reyes, los mercadillos, la fuente en la que se daban cita los aguadores y los cafés, favorecieron un intercambio de ideas y pensamientos críticos, que pronto dejaron de necesitar un evento, una taza de café para manifestarse o unos bancos a la sombra.
Esas interacciones sociales en las que afloraban las problemáticas cotidianas y políticas del momento son los pilares sobre los que se sustentan los valores cohesionadores sociales y críticos de Sol; valores que lo hacen único y que, nos guste o no, fueron revitalizados por el 15M y replicados en modo 2.0. En ese momento la interacción entre los ciudadanos dio un paso más, al aunar las redes virtuales y el cara a cara, y el espacio público evolucionó en foro de debate dual ciberespacio-plaza.
En definitiva, Sol no es una plaza, cualquiera, de hecho puede que sea el espacio público del futuro, un lugar hecho a través de la consciencia colectiva. Por esta razón, cabe preguntarse: ¿cómo se puede dar forma a la consciencia?, ¿se puede hacer? Contestarlas exige una forma nueva de concebir el urbanismo y la adopción de un nuevo concepto que trasciende bancos, jardineras, pavimentos y demás conceptos gastados del urbanismo tradicional. 

Sol es un espacio que piensa.

Proyecto elaborado por: Indalecio Batlles, Julia Font, Beatriz Sendín, Fabio Silli, Rebeca López, Mayra Martinez, Miriam Mora, Gonzalo Sánchez, Alejandro del Castillo y Verónica Sánchez. Con la colaboración de Alberto Corsin.

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